Internet de las cosas: oportunidades y retos para el sector de la edificación

Internet ha revolucionado muchos sectores. Algunas noticias recientes hacen pensar que el sector de la edificación puede ser el próximo. En este capítulo veremos cómo internet puede ayudar a sostenibilizar el sector de la edificación y también qué retos plantea este cambio.

Durante este 2014 algunas grandes empresas tecnológicas han hecho movimientos importantes vinculados al sector de la edificación.

  1. Google ha comprado la empresa Nest. Esta empresa se ​​dedica a hacer termostatos y detectores de humo que se caracterizan por estar conectados a internet y utilizar avanzados sistemas de aprendizaje para mejorar el confort, el consumo de energía y la seguridad de las viviendas.
  2. Samsung ha comprado SmartThings. La empresa se ​​dedica a crear concentradores para centralizar la información de varios dispositivos del hogar para que podamos interactuar con ellos con el móvil.
  3. Apple ha presentado HomeKit, un marco que permite integrar y hacer interactuar diferentes aparatos domésticos.

Todo esto recuerda al eterno discurso de la domótica, que hace décadas que intenta entrar en los edificios sin éxito. Actualmente hay sistemas domóticos que funcionan muy bien, pero la dificultad para introducir información al sistema siempre ha sido demasiado grande. La diferencia entre antes y ahora es que ahora llevamos móviles inteligentes y en breve dispositivos vestibles que constantemente generarán información sobre nuestra ubicación, nuestro ritmo cardíaco o nuestros niveles de confort. Además los sensores y actuadores que instalamos en la vivienda son más pequeños, económicos y se conectan a Internet. Por ello se utiliza el término "Internet de las cosas". En vez de ser las personas las que nos conectamos a internet para dar o recibir información, son los objetos los que generan y comparten información entre ellos. Esto expande nuestra capacidad de monitorizar, entender y controlar los edificios. Por ejemplo a día de hoy para valorar las condiciones de confort en un edificio se instalan sensores de temperatura o termostatos en puntos del edificio que difícilmente son ideales. Si nuestros zapatos y relojes nos están monitorizando y pueden valorar nuestro grado de confort, pueden compartir esta información con el edificio y automáticamente el sistema de climatización puede adaptarse a las necesidades de los usuarios.

Cómo funciona

Actualmente no hay ningún estándar adoptado por la industria, pero el funcionamiento será similar al que explicamos a continuación:

Cuando añadimos un accesorio nuevo en nuestra casa, por ejemplo una ventana, este elemento solicita acceso a los datos de la casa mediante el teléfono móvil. Nosotros decidimos qué nivel de acceso a nuestra información le queremos dar y el elemento queda configurado de forma que puede compartir información con el sistema. El sistema de gestión energética de la casa, que no es más que una aplicación del móvil, puede acceder a datos meteorológicos, nuestra agenda, nuestra ubicación, el sistema de climatización y las ventanas. La nueva ventana que hemos instalado permite el paso del aire para ventilar sin necesidad de abrir la ventana, por lo tanto ventilará durante el tiempo estrictamente necesario para evitar que baje demasiado la temperatura de la casa. Si salimos del trabajo y no tenemos ningún compromiso apuntado en la agenda la casa sabrá que llegamos pronto y pondrá en marcha la climatización, a no ser que detecte que la ventana ha quedado abierta.

La clave es entender que hay una base de datos en la que se almacena la información de forma estructurada. A partir de aquí los elementos del edificio que se conectan pueden ser de cualquier fabricante que se adapte a esta estructura de datos. Y si instalamos una aplicación de gestión energética, le estamos dando acceso a estos datos. En cualquier momento podemos utilizar una aplicación diferente, o varias a la vez. Podemos tener una aplicación de gestión energética, una de gestión documental donde se guarde el libro del edificio con el informe de la última ITE, una aplicación de gestión económica del inmueble, en la que acceden todos los vecinos y el administrador de la finca y donde podemos encontrar información sobre los gastos de la comunidad o las actas de las reuniones, una aplicación de seguridad que vela para que siempre queden todas las puertas cerradas, etc.

Oportunidades

Crear una representación virtual de los edificios. Los sistemas actuales, como HomeKit, son sencillos, pero nada impide que con aplicaciones de terceros podamos ampliar la estructura de datos con el fin de dar cabida a cualquier tipo de información vinculada a los edificios. Por ejemplo podemos utilizar un sistema BIM para añadir información complementaria en el edificio. Estamos hablando de crear una representación virtual del edificio que mantenga una coherencia entre sistemas y sirva para mejorar su control y gestión a todos los niveles.

Disponer de más información. El sector de la salud en los Estados Unidos ya utiliza datos de cuantificación personal como el historial del ritmo cardíaco, los niveles de ejercicio o la calidad del sueño para hacer diagnósticos. El usuario comparte la información exclusivamente con el médico o centro hospitalario de confianza. El mismo proceso es extrapolable al sector de la edificación.

Hacer nuevos estudios. Si los sistemas recogen datos que se pueden compartir de forma agregada y anónima se podrían hacer estudios masivos y muy precisos sobre el funcionamiento de los edificios, que finalmente repercutirían en una mejora del conocimiento que tenemos del parque edificado existente.

Rehabilitación de edificios existentes. La principal oportunidad es la renovación de edificios para hacerlos más flexibles e interactivos. Mejorar la capacidad de adaptación de los edificios y las organizaciones puede suponer una reducción sustancial del consumo de recursos al tiempo que se mantiene o mejora el grado de confort.

Retos

El precio. Podemos hacer que nuestro hogar pase a formar parte del internet de las cosas comprando una sola lámpara que se conecta a internet. Aquí no estamos hablando de hacer una instalación domótica compleja de miles de euros, la entrada es tan progresiva como el usuario desee. Sin embargo, a día de hoy cualquier elemento cotidiano tiene un precio alto por el solo hecho de conectarse a internet.

La privacidad. Aunque en principio los usuarios tenemos el control de nuestros datos, la realidad es que toda la información que está en internet puede ser interceptada por terceros. Por otro lado mucha gente utiliza el correo electrónico, la agenda y las redes sociales, lo que implica que mucha información personal ya está potencialmente al alcance de terceros, y en general la gente lo acepta.

La compatibilidad. Existen propuestas diferentes sobre cómo estructurar la información, y esto puede ser un limitante. Puede que un aparato tan sólo sea compatible con el sistema de Apple mientras que otro lo sea con el de Google, por ejemplo. Aún así lo más probable es que los fabricantes hagan que sus productos sean compatibles con diferentes sistemas a la vez.

La durabilidad. Una cerradura de puerta suele durar muchos años, mientras que un dispositivo electrónico acostumbra a durar pocos. Si la cerradura de la puerta es un dispositivo electrónico, y en un periodo de 3 o 4 años queda obsoleto, se nos presentará un problema a nivel económico y ambiental.

La salud. Potencialmente puede haber decenas o centenares de aparatos dentro del hogar conectados por redes wifi, bluetooth o ZigBee. Desafortunadamente no hay un consenso global sobre la afectación que pueden tener todos estos campos electromagnéticos sobre la salud de las personas, pero sin duda es un factor a tener en cuenta.

Conclusión

El internet de las cosas puede cambiar la forma de interactuar con los edificios. Por primera vez los edificios podrán saber en qué habitación nos encontramos, qué nivel real de confort tenemos o cuál es la actividad que haremos a continuación, y adaptarse a nuestras necesidades. Es una revolución interesante pero que plantea tantas oportunidades como dudas.

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